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Los grandes hombres se distinguen por saber rodearse de los mejores colaboradores. Los mediocres hacen lo contrario. Napoleón Bonaparte era uno de esos grandes hombres, sin duda, como prueba la categoría de sus médicos: tanto la de su médico personal, Corvisart, como la de los jefes de su Sanidad Militar, entre los que se encontraban, por ejemplo, Larrey, Percy, o Desgenettes.
René-Nicolas Dufriche nació el 23 de mayo de 1762 en Alençon, una ciudad de Normandía, que se encuentra a 180 kilómetros al oeste de París. Desgenettes -como habitualmente se le conocía- proviene de un topónimo "Les Genettes", que era el nombre de unas tierras propiedad de su familia.
Al niño René-Nicolas le atraían las Ciencias Naturales. Por eso, seguramente, decidió estudiar Medicina en París. Allí tuvo como primer maestro a Félix Vicq d'Azyr, renombrado anatomista (se le considera el fundador de la Anatomía Comparada), secretario perpetuo de la Société Royale de Médecine, y médico de María Antonieta. Pero el joven Desgenettes fue un antecesor aventajado de los actuales "Erasmus" porque, en 1784, viajó a Londres para recibir las enseñanzas del gran anatomista y cirujano escocés John Hunter. Volvió a París, donde continuó formándose con Desbois de Rochefort y Alexis Boyer, entre otros. Finalmente, marchó a Italia y allí permaneció durante cerca de cuatro años, estudiando en Florencia, Siena, Roma y Nápoles. En 1789, el año que él cumplía los 27, regresó a Francia, a Montpellier, para leer su tesis sobre "La physiologie des vaisseaux lymphatiques", ocho días antes de que se prendiera la mecha de la Revolución con la Toma de la Bastilla.
Tras pasar un tiempo en Montpellier, en 1791, volvió a París. No eran buenos tiempos para ejercer la profesión en la capital, así que, por consejo de su maestro, Vicq d'Azyr, Desgenettes se alistó en el ejército. Pronto, por su conocimiento del idioma, fue destinado a Italia, donde destacaría tanto como clínico como por sus dotes de organización. Allí en Italia, precisamente, conoció a un joven capitán de artillería llamado Napoleón Bonaparte, que quedó gratamente impresionado por la inteligencia y cultura del médico Desgenettes.
Desgenettes fue ascendiendo rápidamente puestos en el escalafón militar en reconocimiento a la eficacia con que desempeñaba las misiones que se le encomendaban. Por eso, y por la favorable impresión que le produjo cuando le conoció, no es extraño que Napoleón le nombrara médico jefe de la Expedición a Egipto y Siria, en 1798.
En Egipto, Desgenettes impuso rigurosas medidas higiénicas, a la luz de los conocimientos de la época, para intentar prevenir las enfermedades que afectaban a las tropas: ordenó el baño regular de los soldados, la limpieza de la vestimenta, la desinfección de los locales, el control de los alimentos... Y, a pesar de todo, él y sus médicos tuvieron que combatir contra la viruela, el escorbuto, la "fiebre de Damiette", la conjuntivitis aguda, la disentería o la peste. Precisamente, a causa de una epidemia de esta última enfermedad, llegaría a hacerse famoso el enfrentamiento que Desgenettes mantuvo con Napoleón, al que dedicaremos la próxima entrada en el blog Medicina y Arte.
No estoy capacitado para valorar los resultados de esa campaña desde el punto de vista militar. Sí, para coincidir con el general Franceschi cuando dice:
"Pero lo que distingue a esta operación militar de toda otra, es su dimensión cultural y científica que pocos historiadores ponen de relieve. En efecto, Napoleón insistió ante el Directorio para que la expedición tuviese también como objeto el 'progreso de las Luces y el desarrollo de las Ciencias y de las Artes'. Se le miró con sorpresa, pero no se estuvo opuesto al designio. Es sin duda este aspecto particular del asunto lo que hizo escribir a Thiers, no obstante poco tierno para con él: 'En toda su prodigiosa carrera, Napoleón no imaginó nada más grande ni más hermoso'."(1)
Diversas aproximaciones a esa importante expedición científica se pueden encontrar en los textos de David Soriano, Flora Devesa Barral, Horacio Capel, Wikipedia, o La Revista de El Mundo.
Sin embargo, desde el punto de vista médico, el fruto más importante de aquella aventura napoleónica fue la publicación, en 1802, del libro Histoire Médicale de l'Armée d'Orient, con textos del propio Desgenettes, que fue su director, y de algunos de los médicos que trabajaron a sus órdenes, como Bruant, Carrié, Cérésole, Barbés, Renati, Savaresi, Vautier, Frank o Salze.
Quizás pueda hablar, más adelante de aquella expedición científica a Egipto, o de esa Historia Médica del Ejército de Oriente. Desde luego, habrá que volver a tratar en este blog sobre René-Nicolás Dufriche, barón Desgenettes. Todavía queda mucho por contar de él. De momento, volvemos al retrato que pintó Callet, cuya fecha exacta de realización no conocemos; pero que muestra a Desgenettes, cuando tenía 36 o 37 años de edad, con su uniforme de médico jefe del Ejército de Napoleón en Egipto, destacando sobre el pecho el símbolo de la profesión: la serpiente enrollada sobre el bastón de Esculapio. Al fondo, las pirámides de Guiza y hasta tres esbeltas palmeras (las cuales, evidentemente, no habían sido atacadas por el ya tristemente famoso picudo rojo, que tanto daño está causando actualmente donde vivo yo).
Para terminar con música, como me gusta, podría haber traído aquí ese himno de todos conocido, compuesto por un ingeniero militar, que llegó a París cantado por las tropas de voluntarios de Marsella y Montpellier mandadas por un joven oficial -médico, por cierto- llamado François Mireur, futuro general en el Ejército de Egipto; o por la música de la Revolución, representada por autores tan famosos como el italiano Luigi Cherubini, que se sentía tan a gusto en la Francia revolucionaria como en la imperial o la restaurada, o Étienne Méhul, el principal músico francés de la época. Pero, habiendo hablado en esta entrada de Italia y Egipto, no he podido evitar acabar así:
[Si está sonando la música del blog, por favor, no olvide pararla (arriba, a la derecha) para escuchar mejor ésta].
NOTAS
(1) FRANCESCHI, Michel (2006): "Bonaparte en Egipto o la sublime vacilación de la historia". Instituto Napoleónico México-Francia. [Disponible en: http://inmf.org/efranegypte.htm; consultado el 6 de febrero de 2012].

Francisco, un placer visitar tu blog. En este mundo donde cada vez hay más mèdicos-técnicos, encontrarse con una mirada histórica que también aprecia el Arte es un tesoro. Me encanta aprender y aquí lo haré. La serpiente ¿eh?... ¿que significa para la medicina el símbolo de la serpiente, se trata de la mantención del significado primero, la sabiduría y la transformación o tiene otro cariz? Me encantaría saber porque Doña Serpiente representa a la Medicina.
ResponderEliminarUn beso grande!
El placer es mutuo, estimada Eva, y creo que aún obtengo yo más cuando te visito...
EliminarCiertamente, somos muchos los médicos que, en esta época altamente tecnificada, sin rechazarla, pretendemos dotar nuestro ejercicio del humanismo de nuestros mayores. Gracias por fijarte en ello.
Respecto al símbolo de la serpiente, no es mucho lo que puedo decirte ahora. Existen muchas versiones y opiniones contrapuestas... Personalmente pienso que su origen se encuentra junto al dios griego de la medicina, Asclepio, quien con el veneno de una serpiente logró resucitar a otro que había muerto por la mordedura de otro ofidio (cosa, ese de la resucitación, que no fue bien vista, en absoluto, por los jerarcas del Olimpo). Se dice también que, más tarde, en los asclepiones, los templos dedicados al dios, eran las serpientes que se soltaban en el ábaton (la sala donde dormían los pacientes) y eran los mensajeros del dios que hablaba en sueños a los durmientes. Otros, más prosaicos, atribuyen su simbolismo a la capacidad de la serpiente de mudar su piel y obtener una nueva; es casi como morir o estar muy mal y renacer...
Sí es cierto que existen en nuestra geografía mediterránea, serpientes de una determinada especie, las Zamenis longissimus, también conocidas como "culebras de Esculapio" (Esculapio era el nombre romano de Asclepio) de color amarillo y negro, que pueden alcanzar hasta los dos metros de longitud...
En fin, que no se mucho, pero prometo estudiar el tema en profundidad y dedicarte una entrada sobre el mismo. Tendrá que ser para el verano (nuestro). Para entonces espero estar más libre de compromisos que ahora, y confío en poder hacer algo que te guste.
Mientras tanto, con mi gratitud, recibe todo mi cariño.
Pondré un enlace directo desde La Cala a Medicina, Historia y Arte.
ResponderEliminarYo también he enlazado "La Cala" entre mis blogs favoritos; pero, ni mucho menos, con la belleza, delicadeza e importancia que lo has hecho tú, Eva, serpiente incluida. Procuraré mejorarlo pero, mientras tanto, recibe toda mi gratitud y mi mayor afecto.
Eliminar¡Un abrazo muy grande, amiga!