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"Caso singularísimo en la historia de la pintura es el de las hermanas cremonesas Sofonisba, Elena, Lucia, Europa y Ana Maria Anguissola, todas pintoras retratistas muy precoces."(1) Así empieza Ricardo Topolansky su comentario sobre el cuadro que da inicio a esta entrada, el que nos muestra al abuelo médico de las Anguissola. El artífice de ese hecho tan poco común, posiblemente único, a mediados del siglo XVI, fue el padre de las niñas, Amilcare, un caballero de la baja nobleza de Cremona, en la Lombardía italiana, con más cultura que recursos económicos, aficionado a la historia antigua -especialmente a la cartaginesa, por su propio nombre y por los que dio a su hijo Asdrubal y a su hija Sofonisba, la mayor y la que llegaría a ser la más famosa(2)- y apasionado por el arte; que se empeñó en que sus hijas recibieran una formación muy superior a la que por entonces era habitual no sólo para las mujeres (cosa que resultaba absolutamente extraordinaria) sino incluso para los hombres; orientándolas especialmente hacia la pintura (en una época en la que, como profesión, era impensable que una mujer fuese pintora) con sorprendentes resultados.
De Lucía, la tercera hija de Amilcare Anguissola y Bianca Ponzone, la autora del cuadro, se sabe muy poco. No hay certeza sobre el año de su nacimiento, que unos sitúan en 1536, otros en 1540, y la mayoría en torno a 1538. Tampoco se sabe cuando murió. Se cree que pudo ser en 1565; nunca después de 1568. Lo único cierto es que falleció muy joven, con veintitantos años, al contrario que su hermana Sofonisba, que alcanzaría los noventa y dos o noventa y tres años de edad. Su temprana muerte es la causa de que la obra pictórica de Lucia Anguissola -retratos familiares en su mayor parte- sea escasa. Escasa, pero de una calidad encomiable para una pintora que era prácticamente una niña. Y, entre sus retratos, destaca de manera especial éste de su abuelo médico.
El cuadro es propiedad del Museo del Prado, donde se encuentra catalogado con el título de "Pietro Manna, médico de Cremona", aunque el nombre del abuelo materno de las Anguissola era Pietro Maria (o Pietro Martire -según algunos- por el santo veronés) Ponzone. La profesión del abuelo queda patente mediante su símbolo, el bastón de Esculapio, el bastón con la serpiente enrollada que sujeta en su mano izquierda. Pero, también, por los dos gruesos volúmenes depositados sobre la mesa, a su derecha, como muestra de sus grandes conocimientos, y por la toga con cuello de martas que viste, indicativa de su alto rango. Pero llama la atención, en este retrato de más de medio cuerpo en el que el abuelo aparece dignamente sentado, el que con una escasa paleta de colores Lucía, como era característica común de las hermanas en los retratos de su familia, dota al cuadro de una especial sensibilidad y -podríamos decir- de vida, evitando el carácter formal, a veces severo, de muchos retratos, con pequeños detalles como ese hombro algo más levantado o, sobre todo, el simpático gesto de la cara arqueando la ceja izquierda. La doctora Olga Marqués Serrano, dermatóloga, en su libro La piel en la pintura (que es, en si mismo, una auténtica obra de arte), en el que realiza un amplio repaso a las enfermedades y trastornos relacionados con su especialidad en la historia de la pintura, nos hace notar que el doctor Ponzone presentaba "...una alopecia androgenética grado V, también llamada calvicie hipocrática o en herradura, en la que la afectación de la región fronto-cervical es total."(3)
Lucia firmó su cuadro en el brazo izquierdo del sillón donde se sienta su abuelo. Lo hizo como hija de Amilcare, "adolescens". Vasari, que lo vio, alaba este cuadro en Las vidas... Tras el fallecimiento de la joven pintora, Amilcare se lo envió a su hermana, a España; donde, con el tiempo, pasaría a formar parte de la colección real.
(1) TOPOLANSKY, Ricardo (2006): "Lucía Anguissola. Retrato del Dr. Pietro María de Cremona. Museo del Prado". Pescando en Internet, 225 [Disponible en: http://www.sguruguay.org/documentos/pescando/Pescando225.pdf; consultado el 13 de noviembre de 2011].
(2) Sofonisba Anguissola (c.1532-1625) fue una magnífica pintora que, aunque con cierta fama en su época, no pudo ejercer libremente el oficio -la mayor parte de su larga vida- por su condición de mujer. Por eso mismo, muchos de sus cuadros no están firmados y, durante mucho tiempo, fueron atribuidos a pintores de la Corte española, como Alonso Sánchez Coello, entre otros. Sólo recientemente se ha reconocido que ella fue la autora de esas obras. A España llegó cuando tenía veintisiete años, a finales de 1559, por recomendación del Duque de Alba a Felipe II, como dama de compañía -que era un puesto más importante que el de pintor- de la nueva reina Isabel de Valois, tercera esposa del Rey. Todo indica que Sofonisba se ganó enseguida la estima y confianza de la joven y bella Isabel, y del mismo Felipe II a través de su esposa. Tanto que, tras la muerte de ésta, el Rey le pidió que se quedara en la Corte para hacerse cargo de la educación de las infantas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Posteriormente, regresaría a Italia... Por otra parte, el nombre de Sofonisba rememora a la hija del general cartaginés Asdrúbal Giscón, que prefirió envenenarse antes que caer cautiva de Escipión.
El cuadro es propiedad del Museo del Prado, donde se encuentra catalogado con el título de "Pietro Manna, médico de Cremona", aunque el nombre del abuelo materno de las Anguissola era Pietro Maria (o Pietro Martire -según algunos- por el santo veronés) Ponzone. La profesión del abuelo queda patente mediante su símbolo, el bastón de Esculapio, el bastón con la serpiente enrollada que sujeta en su mano izquierda. Pero, también, por los dos gruesos volúmenes depositados sobre la mesa, a su derecha, como muestra de sus grandes conocimientos, y por la toga con cuello de martas que viste, indicativa de su alto rango. Pero llama la atención, en este retrato de más de medio cuerpo en el que el abuelo aparece dignamente sentado, el que con una escasa paleta de colores Lucía, como era característica común de las hermanas en los retratos de su familia, dota al cuadro de una especial sensibilidad y -podríamos decir- de vida, evitando el carácter formal, a veces severo, de muchos retratos, con pequeños detalles como ese hombro algo más levantado o, sobre todo, el simpático gesto de la cara arqueando la ceja izquierda. La doctora Olga Marqués Serrano, dermatóloga, en su libro La piel en la pintura (que es, en si mismo, una auténtica obra de arte), en el que realiza un amplio repaso a las enfermedades y trastornos relacionados con su especialidad en la historia de la pintura, nos hace notar que el doctor Ponzone presentaba "...una alopecia androgenética grado V, también llamada calvicie hipocrática o en herradura, en la que la afectación de la región fronto-cervical es total."(3)
Lucia firmó su cuadro en el brazo izquierdo del sillón donde se sienta su abuelo. Lo hizo como hija de Amilcare, "adolescens". Vasari, que lo vio, alaba este cuadro en Las vidas... Tras el fallecimiento de la joven pintora, Amilcare se lo envió a su hermana, a España; donde, con el tiempo, pasaría a formar parte de la colección real.
NOTAS
(2) Sofonisba Anguissola (c.1532-1625) fue una magnífica pintora que, aunque con cierta fama en su época, no pudo ejercer libremente el oficio -la mayor parte de su larga vida- por su condición de mujer. Por eso mismo, muchos de sus cuadros no están firmados y, durante mucho tiempo, fueron atribuidos a pintores de la Corte española, como Alonso Sánchez Coello, entre otros. Sólo recientemente se ha reconocido que ella fue la autora de esas obras. A España llegó cuando tenía veintisiete años, a finales de 1559, por recomendación del Duque de Alba a Felipe II, como dama de compañía -que era un puesto más importante que el de pintor- de la nueva reina Isabel de Valois, tercera esposa del Rey. Todo indica que Sofonisba se ganó enseguida la estima y confianza de la joven y bella Isabel, y del mismo Felipe II a través de su esposa. Tanto que, tras la muerte de ésta, el Rey le pidió que se quedara en la Corte para hacerse cargo de la educación de las infantas, Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela. Posteriormente, regresaría a Italia... Por otra parte, el nombre de Sofonisba rememora a la hija del general cartaginés Asdrúbal Giscón, que prefirió envenenarse antes que caer cautiva de Escipión.
(3) MARQUÉS SERRANO, Olga (2009): La piel en la pintura. Madrid, Reprofot: 183.
*Actualizado el 23 de septiembre de 2012.
*Actualizado el 23 de septiembre de 2012.

Maravillosa época la del Renacimiento y preciosísima la entrada, Francisco. Si he visto el cuadro alguna vez, no lo recuerdo, pero la próxima vez que visite El Prado lo buscaré y lo miraré con mucho más interés del que lo hubiera hecho antes, no te quepa duda.
ResponderEliminarDe Monteverdi qué te voy a decir: es una de las más grandes joyas de la música universal y me encanta, claro.
Humanísticos besos a mi querido y Humanista Doctor.
Mi querida, fiel y encantadora amiga Lola: muchas gracias por tu comentario. Este cuadro, según tengo entendido, no está expuesto en el Prado. Por eso, me satisface especialmente mostrarlo aquí. A mí me encanta pensar en lo orgulloso que debería estar el abuelo de su nieta. Como me encanta la música de Monteverdi, de quien espero tener ocasión de tratar muy pronto.
ResponderEliminarHumanísticos besos, querida profesora.
Si que nos volvera locos si. Ya vera como al final se queda solo con este. Y con la ventaja de que cuando no tenga algo preparado simpre puede importar entradas antiguas de los otros blogs.
ResponderEliminarBueno, ánimo que muchos vamos a seguirle en esta nueva aventura. A veces pasa que a uno se le pasan las entradas y con este puede dar la casualidad de que las repesquemos...
Un abrazo!
Excelente factura técnica y pose distinguido en el abuelo médico de los Anguissola. No era normal para las mujeres de la época tener ese tipo de formación, y eso hay que agradecerselo al padre, todo un visionario. Conocía a sofonisa, pero no a las demás hermanas pintoras, incluida la autora de este lienzo, Lucía. Sigo aprendiendo por aquí. Saludos afectuosos.
ResponderEliminarDon Lorenzo, amigo, tiene usted facultades de "pitoniso" (escribo el término entrecomillado porque el Diccionario sólo lo recoge en femenino, y yo no tengo dudas de su género). Usted es siempre bienvenido, sea cual sea el blog, y yo quedo encantado con cada una de sus visitas.
ResponderEliminar¡Otro abrazo!
Querido Paco: Me satisface mucho haber servido para darle a conocer a Lucía Anguissola. Llegué a ella a través de su hermana... Ambas me encantan. Y de ambas me sorprende, a mi, que no soy experto (sólo puedo hablar de lo que me gusta o no me gusta) la gran calidad de sus obras desde muy jóvenes. Por fortuna, Sofonisba alcanzó una edad muy avanzada, y supo "capear" a la sociedad de su tiempo.
ResponderEliminarMe encanta imaginar lo satisfecho que debió quedar ese abuelo al ver el retrato que le hizo su nieta.
Gracias por el comentario, que tanto aprecio, y mi más cordial saludo.