13 de agosto de 2014

El primo médico de Toulouse-Lautrec: Gabriel Tapié de Céleyran

Henri de Toulouse-Lautrec, Maurice Guibert y Gabriel Tapié de Céleyran

Toulouse-Lautrec no es sólo una de esas figuras señeras de la historia del arte que tiene interés para la medicina por sí mismo -y habremos de dedicarle al asunto la atención que merece- sino que realizando simplemente un somero repaso a su obra podemos encontrar un buen número de cuadros suyos de notable interés para la relación entre la medicina y el arte; ya sea en un quirófano, en un consultorio donde se realizaban las preceptivas revisiones médicas a las prostitutas o en el ambiente del París nocturno que tan bien conocía. Es posible que ese interés del artista por todo lo que tuviera que ver con la medicina que se manifiesta incluso en la fotografía que da inicio a esta entrada, en la que vemos al pintor tomando el pulso con aire muy profesional a su amigo y compañero de correrías, el fotógrafo Maurice Guibert(1), se debiera -al menos en parte- a la otra persona que aparece en la foto con una pipa en la boca y ataviada con un mandil quirúrgico: su primo, amigo leal y también compañero habitual de aventuras en la noche parisina, Gabriel Tapié de Céleyran.

Toulouse-Lautrec retrató a su primo médico en varias ocasiones. En algunas de ellas con unas simples líneas -como en el siguiente dibujo, fechado en 1894- mostrando su figura alta y desgarbada, con sus antiparras, su bastón y su chistera... casi tan imprescindibles estos dos como aquéllas.


Otras veces la pintura es mucho más elaborada, como en este retrato rebosante del característico colorido del pintor de Albi, que muestra al primo médico a las puertas de un teatro.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). El doctor Gabriel Tapié de Céleyran (1894). Óleo sobre lienzo. 110 x 56 cm. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Francia.

Estoy convencido que, de no haber sido el primo y uno de los mejores amigos -si no el mejor- de Toulouse-Lautrec, difícilmente alguien podría hablar hoy sobre el médico Gabriel Tapié de Céleyran. De nada servirían para recordarle los años que fue ayudante del célebre doctor Jules-Émile Péan, entre 1891 y 1895; aunque fue Tapié de Céleyran, precisamente, quien introdujo a su primo artista en la sala de operaciones del doctor Péan, y gracias a ello Toulouse-Lautrec pintó el cuadro que podemos ver a continuación:

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). El Dr. Péan operando (1891-1892)
Óleo sobre cartón. 74 x 50 cm.
Sterling and Francine Clark Art Institute. Williamstown, Massachusetts. USA

Sobre este cuadro pueden encontrar cumplida información en un artículo publicado en 2008 por Aronson y Ramachandran en Journal of the Royal Society of Medicine titulado: "The diagnosis of art: Dr. Pean's operation" (pulsando sobre su título se accede directamente al artículo). Igualmente, me parece muy recomendable la entrada sobre este mismo cuadro publicada en el blog The Physician's Palette, a la que también se accede pulsando sobre su título. Esa cabeza de pelo negro que vemos por detrás, a nuestra derecha en el cuadro, es la cabeza de Tapié de Céleyran.

La relación de amistad entre los primos duró hasta el fallecimiento del pintor y, precisamente, uno de los últimos cuadros de Toulouse-Lautrec -quizás el último- pintado en 1901, el mismo año de su muerte, nos muestra el examen de doctorado que tuvo que superar su primo, Gabriel Tapié de Céleyran, a quien vemos a la izquierda de la imagen, ante un tribunal del que formaban parte el profesor Robert Wurtz (con la toga roja) y el profesor Alfred Fournier. El cuadro se conoce como "Un examen en la Facultad de Medicina de París" y se encuentra actualmente en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Un Examen à la Faculté de Médecine de Paris (1901)
Óleo sobre cartón. 65 x 81 cm.
(C) Musée Toulouse-Lautrec. Albi. Francia

Cabe añadir que, tras el fallecimiento de Toulouse-Lautrec, su primo médico fue uno de los que más empeño, y donando gran parte de su propia colección de pinturas, promovióla creación del Museo que se constituyó en Albi, la ciudad natal del artista, para honrar su memoria.

Pero nosotros preferimos despedirnos ahora de ambos primos con una imagen festiva, como buenos compañeros de juerga que eran. Son esos dos personajes, el alto y el bajito, que se ven en la parte central y superior del cuadro... en el Moulin Rouge, disfrutando de las bulliciosas noches de París.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). En el Moulin Rouge (1892/1895)
Óleo sobre lienzo. 123 x 140,5 cm.
The Art Institute of Chicago. USA

Y seguramente ambos primos, el pintor y el médico, tan aficionados a las delicias de las noches de París, disfrutarían ahora del Moulin Rouge tanto como entonces...  A ese par de bon vivants está dedicado este vídeo...

 

Notas:
(1) Debo agradecer a mi estimado amigo, el autor del blog Tú Lisa, yo Conda, que me informara sobre el nombre y quien era Maurice Guibert en una publicación anterior, pues yo entonces no lo conocía.

 

6 de agosto de 2014

Paul Wittgenstein, el pianista manco, y el concierto para la mano izquierda de Ravel

Paul Wittgenstein (1887-1961)

Paul Wittgenstein nació en una de las familias más ricas de Viena. En su casa se organizaban frecuentes veladas músicales, y el niño, apasionado por el piano desde siempre, tuvo el privilegio de tocar dúos con figuras de la talla de Johannes Brahms, Gustav Mahler o Richard Strauss.

En 1913 debutó en público como pianista profesional, obteniendo un gran éxito. Por desgracia, el año siguiente estallaría la Primera Guerra Mundial y el joven austrohúngaro es reclutado para el servicio militar con la mala fortuna de caer gravemente herido al poco tiempo en Polonia. Los rusos le hacen prisionero. Hay que amputarle el brazo derecho. Y se le envía a Siberia, donde permanece hasta 1916.

Pero el pianista manifiesta su resiliencia y decide continuar su carrera aunque sea sólo con la mano izquierda. Al finalizar la guerra, estudia, se ejercita duramente, arregla diversas piezas musicales para poder interpretarlas con su única mano, y aprende las que su antiguo maestro, Josef Labor, compone para él. Su tesón le hace popular en el ambiente musical de la época y más de una veintena de compositores escriben para el pianista manco, entre ellos Benjamin Britten, Paul Hindemith, Erich Wolfgang Korngold, Fransz Schmidt y Richard Strauss.(1) Aunque, de todas las obras escritas para Wittgenstein destaca, sin duda, el concierto para piano para la mano izquierda en re mayor que, entre 1929 y 1931, compuso Maurice Ravel.(2)

Existen grabaciones en las que podemos escuchar al propio Paul Wittgenstein interpretando ese concierto de Ravel. No obstante, por su mejor calidad de imagen y sonido he preferido insertar a continuación la cadencia del concierto de Ravel para la mano izquierda interpretado por el pianista estadounidense de origen serbio Ivan Ilić:

 

El concierto completo lo podemos ver y oír, a continuación, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Escuela Superior de Música Franz Liszt, de Weimar, dirigida por el profesor Nicolás Pasquet. La pianista es Hélène Tysman y éste era, por cierto, su examen final en la escuela alemana.

 

Yo no tengo formación musical para valorar a la joven pianista francesa técnicamente; pero, como público, la califico con sobresaliente y matrícula de honor.

NOTAS
(1) Sergéi Prokófiev compuso para Wittgenstein el Concierto para piano nº 4; pero el austriaco dijo que no entendía la pieza y nunca la tocó en público. Quizás por eso, un resentido Prokófiev afirmaba que él no veía ningún talento especial en la mano izquierda de Paul Wittgenstein.
(2) Wittgenstein también tuvo problemas con Ravel. En este caso, su relación amistosa se rompió porque aquél introdujo diversas modificaciones en la composición -sin habérselo comunicado a Ravel- que a éste le molestaron bastante. Unos dicen que nunca volvió a existir una buena relación entre ambos; otros que sí... Pero no he sido capaz de averiguar la verdad.

5 de diciembre de 2013

La Batalla de Borodinó y el cirujano Larrey

En 1822, diez años después de que tuviera lugar, el francés Louis-François Lejeune, que también fue general del ejército napoleónico, pintaba así la Batalla de Borodinó:

Batalla de Borodinó (7 de septiembre de 1812) pintada por Louis-François Lejeune en 1822

No entraremos nosotros a valorar las tácticas de los generales enfrentados, Napoléón (quien, por cierto, sufría de fiebre aquel día) y Kutuzov, ni discutiremos sobre si lo que parecía una victoria francesa fue el inicio de su derrota... De todo esto, yo al menos, no tengo conocimientos para poder hablar. Sin embargo, si podemos apuntar que se trata de una de las batallas más sangrientas y mortíferas de la historia. La estimación de pérdidas varía de forma notable según la fuente. Los franceses aseguraron haber sufrido 28.000 muertos y heridos, incluyendo 48 generales. Otras fuentes situan estas cifras en niveles mucho más altos: 50.000 muertos. Los rusos perdieron -según también las diversas fuentes- entre 38.500 y 58.000 hombres. ¡Terrible!

Ardua, muy ardua debió ser la tarea de los médicos militares de ambos bandos. Cirujanos, en su mayoría, que desarrollaban su labor en pleno campo de batalla, como nos muestra en su cuadro el pintor y general Lejeune. Entre esos médicos militares estaba el propio Cirujano Jefe del ejército de Napoleón, Dominique Larrey, y así nos lo muestra en su cuadro Lejeune (quien, por cierto, debía conocerle personalmente). Pero, acerquémonos todo lo que podamos a la zona donde los cirujanos están trabajando...


Sinceramente, no soy capaz de afirmar si Larrey es el hombre que aparece con la cabeza vendada (herido, por tanto) o el que se la venda. Sí está claro que ambos -entre otros- son médicos o cirujanos ejerciendo su labor en el campo de batalla.

Para saber como era Dominique-Jean Larrey con certeza, disponemos del retrato que le hizo, en 1804, su compatriota Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson.


Dominique-Jean Larrey nació el 8 de julio de 1766 en un pequeño pueblo del sur de Francia, en los Pirineos. Quedó huérfano siendo muy niño. Durante diez años fue el sacerdote de su parroquia quien se encargó de su educación, pero reconociendo en el muchacho grandes aptitudes, a los 13 años lo llevó a Toulouse, con su tío Alexis Larrey, Cirujano Jefe del Hospital Saint-Joseph de la Grave, en esa ciudad. Allí inició su formación médico-quirúrgica, que completó en París, junto a uno de los más grandes cirujanos de la época, Pierre-Joseph Desault (quien más tarde sería nombrado médico del hijo del guillotinado Luis XVI, el cual falleció en extrañas circunstancias, en 1795, mientras estaba cautivo en la prisión de El Temple; corriendo el rumor de que Desault, su médico, murió ese mismo año envenenado por haberse negado a ejecutar los proyectos criminales del gobierno revolucionario contra el heredero del trono francés). Larrey comenzó su ejercicio profesional como médico de la Armada, pero tuvo que desistir por sus continuos mareos; de modo que, tras un tiempo breve como cirujano ayudante de Desault ingresó en el Ejército, donde llegaría a ser Cirujano Jefe de los Ejércitos de Napoleón. Fue él quien creó el transporte de heridos mediante ambulancias, e introdujo los principios de la sanidad militar moderna, realizando los primeros "triajes" en el campo de batalla, estableciendo un orden de prioridad para el tratamiento de los heridos independientemente de su rango e incluso del ejército al que pertenecieran... Mucho más habría que añadir sobre esta gran figura de la historia de la medicina y buen hombre que fue Dominique Larrey. Pero, para saber más sobre él, les recomiendo el estudio que le dedicó el profesor José Luis Fresquet -que lo explica mucho mejor que yo- al que pueden acceder directamente en el enlace que inserto a continuación:


 


28 de noviembre de 2013

Venus en la consulta de Esculapio


Sir Edward Poynter (1836-1919). A visit to Aesculapius (1880). Tate Collection 

Siendo ella diosa tan principal, la hermosa Venus no puede ser atendida por otro médico que no sea un dios como ella misma, el dios de la Medicina -Esculapio para los romanos, Asclepio para los griegos- incluso para una afección tan banal y leve como una espina clavada en su delicado pie.

Así nos la muestra el británico Sir Edward John Poynter en este cuadro, donde la diosa aparece acompañada -como es habitual- por las Tres Gracias, visitando a Esculapio en su peculiar consulta, en un jardín al aire libre.

Más información sobre este cuadro se puede encontrar en el siguiente enlace:


29 de mayo de 2013

El síndrome de Satchmo


Louis Armstrong (1901-1971)

Es posible que nunca hubiéramos disfrutado de canciones como Hello Dolly!, When the Saints Go Marching In, o la maravillosa What a Wonderful World, en la peculiar voz grave de Louis Armstrong si, a mediados de los años treinta del siglo XX, el trompetista no hubiera sufrido la dolorosa ruptura del músculo orbicular de la boca a consecuencia de la fuerza con que apretaba la embocadura de su instrumento.

Armstrong tuvo que dejar de tocar la trompeta durante un año; y, aunque luego corrigió su forma de tocarla, desde entonces tuvo que evitar anteriores excesos y fue intercalando la voz con la trompeta en sus actuaciones.

En 1982 un médico español, el Dr. Planas, dio el nombre de "Síndrome de Satchmo", a la ruptura del músculo orbicular de la boca en trompetistas (aunque puede producirse también en los intérpretes de otros instrumentos de viento). Satchmo* era el apodo con el que se conocía a Louis Armstrong, y en su honor lo llamó así el médico español.


*El apodo "Satchmo" es una abreviatura de Satchelmouth ("boca de bolsa") usado por primera vez, en 1932, por Percy Brooks, editor de la revista Melody Maker.

Referencias:
  1. Planas J. Rupture of the orbicularis oris in trumpet playeres (Satchmo's syndrome). Plast Reconstr Surg 1982;69:690-3.
  2. Planas J. Further experience with rupture of the orbicularis oris in trumpet players. Plast Reconstr Surg 1988;81:975-81.

Agradecimiento:
La primera noticia sobre esta patología de Louis Armstrong me la dio una querida ex-alumna, María Sánchez del Solar, de quien estoy seguro que será tan excelente médico como músico. Gracias María.


25 de mayo de 2013

Aceite de ricino


Newton Alonzo Wells (1852-1923). Castor Oil (1891)

Se tapa la boca y mira a su madre con gesto lastimoso mientras ésta, convencida de sus efectos beneficiosos, por muy desagradable que sea su sabor, se dispone a darle una cucharadita del medicamento. Seguramente, no es la primera vez que el pobre niño se ha visto obligado a vencer las náuseas e ingerir el aceite de ricino.

Así nos lo muestra en este precioso cuadro, a finales del siglo XIX, el pintor y profesor de la Universidad de Illinois Newton Alonzo Wells.

El aceite de ricino, mal llamado también aceite de castor por su nombre en inglés, castor oil, procede realmente de una planta cuyo nombre científico es Ricinus comunis. Se ha usado con fines medicinales desde la antigüedad y aún hoy se sigue utilizando porque se le atribuyen -con no demasiado fundamento científico- múltiples indicaciones. No obstante, a lo largo de la historia, su uso más común ha sido como purgante; aunque en la actualidad, afortunadamente, se emplea fundamentalmente en cosmética.

9 de mayo de 2013

El retrato del Dr. Haustein, de Christian Schad


Christian Schad (1894-1982). Retrato del Dr. Haustein (1928)
Óleo sobre lienzo, 80,5 x 55 cm.
(C) Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid

Al contemplar este retrato se entrecruzan ante nosotros las historias de dos hombres, un médico y un pintor, a los que les tocó vivir en la convulsa Alemania del primer tercio del siglo XX, para seguir su destino de acuerdo con el aforismo orteguiano, en función de sus circunstancias. Pero no seré yo quien comente el cuadro en esta ocasión. Cedo la palabra a quienes lo han hecho antes y, seguramente, mejor.

En primer lugar transcribo, en su mayor parte, un artículo de Rocío Segura Rodríguez, publicado en Dame, la página web de la Asociación Española de Mujeres Dermatólogas:

"Pudiera parecer que he elegido este cuadro con toda la intención. Y es cierto que intención ha habido...
Pues sí, por un día abandono el museo del Prado y dirijo mis pasos unos cuantos metros más allá, al museo Thyssen, para contemplar esta obra maravillosa por el gesto, por su misterio, por su época, por lo que no muestra: Retrato de Dr. Haustein (1928), médico dermatólogo-venerólogo alemán, y lo que tal vez debería ser menos importante, judío.
Este cuadro sobrecoge. La mirada tranquila y serena del protagonista se oscurece con una sombra rara, algo tenebrosa, tétrica, parecida a la del conde Orlok de la película Nosferatu de Murnau (1922) y, quién sabe, puede que ese famoso fotograma influyera de alguna manera en Christian Schad a la hora de realizar este retrato.
El miedo se palpa en el lienzo, no en el Dr. Haustein. Se palpa, en la sombra, en lo que la sombra anuncia y que más tarde se haría realidad, la muerte.
Contemplo su rostro y me olvido de todo lo que le rodea. Su rostro me ofrece confianza, serenidad, seguridad, todo aquello que los pacientes buscamos cuando temerosos nos acercamos a un médico pidiendo, a veces exigiendo, la solución a aquéllo que nos aqueja. Realmente parece un buen médico. Y sólo él, sin lo demás nos dice mucho de su carácter.
Dicen de Schad que fue el artista menos político del movimiento de la Nueva Objetividad. Sin embargo en este cuadro Schad fue también tremendamente político, tal vez sin quererlo, sin llegar a ser consciente de todo lo que esa sombra presagiaba no sólo sobre el Dr. Haustein, sino también sobre toda Alemania.
También dicen de él que fue el artista que "más carga psicológica aplicó a sus obras" [...]. La piel y la mente. La piel representada por un dermatólogo, y la piel del lienzo que dibuja su lesión, su patología, en la sombra: lesión de un mal que iba arraigando en una sociedad cada vez más enferma.
Es posible que lo menos importante sea saber de quien es esa sombra -de hecho se sabe; una modelo profesional amante del Dr. Haustein- Lo más importante es la sensación de intranquilidad que crea alrededor del retratado, el miedo que imprime al cuadro.
El lienzo es la piel donde se plasma una realidad, soñada o vivida. Es la piel que nos habla de un momento, una persona, un paisaje, un sueño. Y como tal la piel del lienzo nos habla de la salud y de la enfermedad, unas veces de manera directa, otras como una sospecha, como una sombra.
Y este cuadro, este lienzo no nos habla de sífilis (el Dr. Haustein era un reconocido venereólogo) ni de los terribles efectos que sobre el cuerpo tiene. Tampoco nos habla de sarna, ni de lepra, ni de ninguna otra enfermedad visible por su impresión sobre la piel del enfermo. Nos habla de estos otros efectos que sobre la mente tienen ciertas enfermedades, en este caso, sobre las mentes de una sociedad enferma.
El Dr. Haustein se suicidó años después de que se le realizara este retrato cuando supo que la Gestapo iba a detenerlo".


Se puede acceder al texto completo de Rocío Segura Rodríguez pulsando sobre el siguiente enlace: Asociación Española de Mujeres Dermatólogas. Y las palabras de Rocío Segura nos llevan a la magnífica web del Área de Educación del Museo Thyssen-Bornemisza, Educathyssen, cuyo capítulo sobre este cuadro comienza así:

"Un hombre sentado, con las manos enlazadas, posa para el pintor que le hace el retrato. Bien trajeado, sus finas manos sugieren que se trata de un hombre refinado, de clase acomodada. Sin embargo, salvo por el objeto quirúrgico (cureta o cuchillo curvo utilizado en dermatología y otras especialidades) que deja ver parcialmente en su brazo, en el lugar donde se encuentra no hay algún otro detalle que permita completar su personalidad o profesión, ni siquiera vemos los brazos de la butaca donde seguramente apoya los codos. Retiene especialmente nuestra atención la intensidad de su mirada, sus enormes ojos negros y la sombra -que no es la suya- que se proyecta sobre el fondo, a su espalda. Sabemos que el retratado es el Dr. Haustein, un prestigioso dermatólogo especializado en enfermedades venéreas en cuya casa berlinesa se celebraban concurridas y animadas reuniones literarias y políticas, organizadas por su esposa Friedel. Son los años de entreguerras, cuando Alemania estaba regida por la República de Weimar y Berlín era una ciudad activa y liberal con una intensa vida nocturna en sus bulliciosos cabarets. La llegada al poder del partido nacionalsocialista en 1933 puso fin a ese periodo histórico. En ese mismo año, el doctor Haustein, de origen judío, acabaría ingiriendo veneno para evitar su detención por la Gestapo."

Es muy recomendable continuar leyendo este artículo de la página educativa del Museo Thyssen-Bornemisza -tan interesante como minucioso- sobre todo por cuanto dice sobre la biografía del pintor y las particularidades de su obra. Se puede acceder directamente al mismo pulsando sobre el enlace que dejo a continuación: Christian Schad en Educathyssen.

Seguramente, Christian Schad, no era consciente entonces de lo premonitoria que podía resultar esa fantasmagórica sombra que parece acechar al Dr. Houstein; no sólo para el médico -que se suicidaría cinco años después de que se pintara el cuadro, para evitar lo que le esperaba si le detenía la Gestapo- sino para el destino de toda Europa. Al fin y al cabo, no era otra cosa que la sombra de Sonja, la amante de Haustein, fumando un cigarrillo...

Durante todo el tiempo que he estado redactando esta entrada, resuena en mis oídos Lilí Marleen, la canción  alemana a la que puso música el compositor Norbert Schultze, en 1937, basándose en unos versos que había escrito el soldado Hans Leip, en 1915, mientras estaba destinado en el frente ruso durante la Primera Guerra Mundial. Lilí Marleen nació en Alemania pero la cantaron todos los ejércitos. No es una canción de guerra, sino de amor, y por tanto de paz.




*Actualizada el 5 de diciembre de 2013.
 
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