30 de noviembre de 2014

Toulouse-Lautrec

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901)

Recientemente, el pasado 24 de noviembre, se han cumplido 150 años del nacimiento de Henri de Toulouse-Lautrec, el pintor que ha pasado a la historia, fundamentalmente, como el cronista gráfico de la vida nocturna del París de finales del siglo XIX. No en vano, buena parte de su corta vida transcurrió entre las paredes del Moulin Rouge... donde el mismo se mostró en algunos de sus cuadros. ¿Adivinas quién es en éste?

Toulose-Lautrec. "En el Moulin Rouge" (c.1892-1895)

Él llenó la noche color, tal como la percibía tras los gruesos cristales de sus lentes, mientras sus múltiples enfermedades se lo permitieron; aunque, realmente, fue una la enfermedad determinante de su vida: la picnodisostosis que posiblemente padeció. Aunque, históricamente, como apuntan Sánchez Lázaro y Linares Ávarez (2013) en Semergen, hablando de esta rara enfermedad:

"El primer caso fue descrito en 1923 por Montanari, pero la enfermedad tal y como se la conoce actualmente fue descrita por Maroteaux y Lamy en 1962, conocido como síndrome de Toulouse-Lautrec por referencia a la afectación que sufría el famoso pintor francés."

Henri de Toulouse-Lautrec en 1892

Con motivo de este 150 aniversario son muchas las publicaciones que han aparecido recordando su figura. Entre ellas, la de Natividad Pulido en ABC a la que puedes acceder, si te interesa, simplemente pulsando sobre el siguiente enlace:



Referencia:

Sánchez Lazaro JA, Linares Álvarez L. Picnodisostosis: Una rara enfermedad con fracturas frecuentes. Semergen. 2013. http://dx.doi.org/10.1016/j.semerg.2013.03.001

28 de septiembre de 2014

Henri Bourgues (1860-1942): el amigo médico de Toulouse-Lautrec

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Retrato del Dr. Henri Bourges (1891)
Óleo sobre cartón montado sobre madera. 78,74 x 50,48 cm.
Carnegie Museum of Art. Pittsburgh. USA

En una carta dirigida a su madre, en 1892, Toulouse-Lautrec le decía que consideraba a Henri Bourges "como uno de sus mejores amigos, como el mejor".(1) Los dos Henri se conocían desde la infancia y Bourges (un joven formal y responsable) gozaba del respeto y la confianza de la familia del pintor. Por eso, como Toulouse-Lautrec detestaba vivir solo, cuando Bourges llegó a París para estudiar Medicina, compartieron durante siete años, entre 1887 y 1893, un apartamento en el número 19 de la rue Fontaine.

De aquella época, concretamente del año 1891, data este retrato que forma parte de una serie que Toulouse-Lautrec dedicó a sus mejores amigos. En él vemos a Henri Bourges en un rincón del taller del pintor, de cuerpo entero, poniéndose los guantes y vestido para salir... Ya sabemos como le gustaba al pintor disfrutar con sus amigos las noches de París: y, sin duda, Bourges lo acompañó con frecuencia.

Pero Henri Bourges completó con éxito sus estudios en 1893 (ya tenía, por cierto, 33 años) y no sólo empezó a ejercer enseguida sino que decidió casarse y fundar una familia. La noticia de la boda le sentó fatal a Toulouse-Lautrec, que no podía verse a si mismo en esa situación. El pintor se sintió traicionado y abandonado, cayó en un abatimiento profundo, y se convirtió en un peregrino durmiendo aquí y allá, en casa de algún amigo, en un hotel, en un burdel...

Sin embargo, la amistad entre ambos no acabó jamás. Bourges, que como médico alcanzó cierto renombre como autor y traductor de libros y artículos de medicina, destacando los que trataban sobre la difteria o la sífilis. Respecto a esta última, por ejemplo, pensaba que para su tratamiento era necesario aumentar las horas de sueño, y se preocupaba por las consecuencias de la vida noctámbula que llevaba su amigo pintor. Fue el médico Bourges, también, quien convenció a la madre de Toulouse-Lautrec, Adèle, en 1899, para que ingresara a su hijo en una clínica donde se le tratara su adicción al alcohol. El amigo médico siempre quiso lo mejor para el pintor.

 

Referencias bibliográficas:

 (1) CARCAS CASTILLO, M. Rosario (2012): El alcohol entre la vida y la obra de Tolouse-Lautrec. Tesis Doctoral. Universidad de Zaragoza: 244-246. [Disponible en: http://zaguan.unizar.es/record/9667/files/TUZ_0357_carcas_alcohol.pdf; consultado el 10 de noviembre de 2013].

Enlaces de interés:


 

13 de agosto de 2014

El primo médico de Toulouse-Lautrec: Gabriel Tapié de Céleyran

Henri de Toulouse-Lautrec, Maurice Guibert y Gabriel Tapié de Céleyran

Toulouse-Lautrec no es sólo una de esas figuras señeras de la historia del arte que tiene interés para la medicina por sí mismo -y habremos de dedicarle al asunto la atención que merece- sino que realizando simplemente un somero repaso a su obra podemos encontrar un buen número de cuadros suyos de notable interés para la relación entre la medicina y el arte; ya sea en un quirófano, en un consultorio donde se realizaban las preceptivas revisiones médicas a las prostitutas o en el ambiente del París nocturno que tan bien conocía. Es posible que ese interés del artista por todo lo que tuviera que ver con la medicina que se manifiesta incluso en la fotografía que da inicio a esta entrada, en la que vemos al pintor tomando el pulso con aire muy profesional a su amigo y compañero de correrías, el fotógrafo Maurice Guibert(1), se debiera -al menos en parte- a la otra persona que aparece en la foto con una pipa en la boca y ataviada con un mandil quirúrgico: su primo, amigo leal y también compañero habitual de aventuras en la noche parisina, Gabriel Tapié de Céleyran.

Toulouse-Lautrec retrató a su primo médico en varias ocasiones. En algunas de ellas con unas simples líneas -como en el siguiente dibujo, fechado en 1894- mostrando su figura alta y desgarbada, con sus antiparras, su bastón y su chistera... casi tan imprescindibles estos dos como aquéllas.


Otras veces la pintura es mucho más elaborada, como en este retrato rebosante del característico colorido del pintor de Albi, que muestra al primo médico a las puertas de un teatro.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). El doctor Gabriel Tapié de Céleyran (1894). Óleo sobre lienzo. 110 x 56 cm. Museo Toulouse-Lautrec. Albi. Francia.

Estoy convencido que, de no haber sido el primo y uno de los mejores amigos -si no el mejor- de Toulouse-Lautrec, difícilmente alguien podría hablar hoy sobre el médico Gabriel Tapié de Céleyran. De nada servirían para recordarle los años que fue ayudante del célebre doctor Jules-Émile Péan, entre 1891 y 1895; aunque fue Tapié de Céleyran, precisamente, quien introdujo a su primo artista en la sala de operaciones del doctor Péan, y gracias a ello Toulouse-Lautrec pintó el cuadro que podemos ver a continuación:

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). El Dr. Péan operando (1891-1892)
Óleo sobre cartón. 74 x 50 cm.
Sterling and Francine Clark Art Institute. Williamstown, Massachusetts. USA

Sobre este cuadro pueden encontrar cumplida información en un artículo publicado en 2008 por Aronson y Ramachandran en Journal of the Royal Society of Medicine titulado: "The diagnosis of art: Dr. Pean's operation" (pulsando sobre su título se accede directamente al artículo). Igualmente, me parece muy recomendable la entrada sobre este mismo cuadro publicada en el blog The Physician's Palette, a la que también se accede pulsando sobre su título. Esa cabeza de pelo negro que vemos por detrás, a nuestra derecha en el cuadro, es la cabeza de Tapié de Céleyran.

La relación de amistad entre los primos duró hasta el fallecimiento del pintor y, precisamente, uno de los últimos cuadros de Toulouse-Lautrec -quizás el último- pintado en 1901, el mismo año de su muerte, nos muestra el examen de doctorado que tuvo que superar su primo, Gabriel Tapié de Céleyran, a quien vemos a la izquierda de la imagen, ante un tribunal del que formaban parte el profesor Robert Wurtz (con la toga roja) y el profesor Alfred Fournier. El cuadro se conoce como "Un examen en la Facultad de Medicina de París" y se encuentra actualmente en el Museo Toulouse-Lautrec de Albi.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Un Examen à la Faculté de Médecine de Paris (1901)
Óleo sobre cartón. 65 x 81 cm.
(C) Musée Toulouse-Lautrec. Albi. Francia

Cabe añadir que, tras el fallecimiento de Toulouse-Lautrec, su primo médico fue uno de los que más empeño, y donando gran parte de su propia colección de pinturas, promovióla creación del Museo que se constituyó en Albi, la ciudad natal del artista, para honrar su memoria.

Pero nosotros preferimos despedirnos ahora de ambos primos con una imagen festiva, como buenos compañeros de juerga que eran. Son esos dos personajes, el alto y el bajito, que se ven en la parte central y superior del cuadro... en el Moulin Rouge, disfrutando de las bulliciosas noches de París.

Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). En el Moulin Rouge (1892/1895)
Óleo sobre lienzo. 123 x 140,5 cm.
The Art Institute of Chicago. USA

Y seguramente ambos primos, el pintor y el médico, tan aficionados a las delicias de las noches de París, disfrutarían ahora del Moulin Rouge tanto como entonces...  A ese par de bon vivants está dedicado este vídeo...

 

Notas:
(1) Debo agradecer a mi estimado amigo, el autor del blog Tú Lisa, yo Conda, que me informara sobre el nombre y quien era Maurice Guibert en una publicación anterior, pues yo entonces no lo conocía.

 

6 de agosto de 2014

Paul Wittgenstein, el pianista manco, y el concierto para la mano izquierda de Ravel

Paul Wittgenstein (1887-1961)

Paul Wittgenstein nació en una de las familias más ricas de Viena. En su casa se organizaban frecuentes veladas músicales, y el niño, apasionado por el piano desde siempre, tuvo el privilegio de tocar dúos con figuras de la talla de Johannes Brahms, Gustav Mahler o Richard Strauss.

En 1913 debutó en público como pianista profesional, obteniendo un gran éxito. Por desgracia, el año siguiente estallaría la Primera Guerra Mundial y el joven austrohúngaro es reclutado para el servicio militar con la mala fortuna de caer gravemente herido al poco tiempo en Polonia. Los rusos le hacen prisionero. Hay que amputarle el brazo derecho. Y se le envía a Siberia, donde permanece hasta 1916.

Pero el pianista manifiesta su resiliencia y decide continuar su carrera aunque sea sólo con la mano izquierda. Al finalizar la guerra, estudia, se ejercita duramente, arregla diversas piezas musicales para poder interpretarlas con su única mano, y aprende las que su antiguo maestro, Josef Labor, compone para él. Su tesón le hace popular en el ambiente musical de la época y más de una veintena de compositores escriben para el pianista manco, entre ellos Benjamin Britten, Paul Hindemith, Erich Wolfgang Korngold, Fransz Schmidt y Richard Strauss.(1) Aunque, de todas las obras escritas para Wittgenstein destaca, sin duda, el concierto para piano para la mano izquierda en re mayor que, entre 1929 y 1931, compuso Maurice Ravel.(2)

Existen grabaciones en las que podemos escuchar al propio Paul Wittgenstein interpretando ese concierto de Ravel. No obstante, por su mejor calidad de imagen y sonido he preferido insertar a continuación la cadencia del concierto de Ravel para la mano izquierda interpretado por el pianista estadounidense de origen serbio Ivan Ilić:

 

El concierto completo lo podemos ver y oír, a continuación, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Escuela Superior de Música Franz Liszt, de Weimar, dirigida por el profesor Nicolás Pasquet. La pianista es Hélène Tysman y éste era, por cierto, su examen final en la escuela alemana.

 

Yo no tengo formación musical para valorar a la joven pianista francesa técnicamente; pero, como público, la califico con sobresaliente y matrícula de honor.

NOTAS
(1) Sergéi Prokófiev compuso para Wittgenstein el Concierto para piano nº 4; pero el austriaco dijo que no entendía la pieza y nunca la tocó en público. Quizás por eso, un resentido Prokófiev afirmaba que él no veía ningún talento especial en la mano izquierda de Paul Wittgenstein.
(2) Wittgenstein también tuvo problemas con Ravel. En este caso, su relación amistosa se rompió porque aquél introdujo diversas modificaciones en la composición -sin habérselo comunicado a Ravel- que a éste le molestaron bastante. Unos dicen que nunca volvió a existir una buena relación entre ambos; otros que sí... Pero no he sido capaz de averiguar la verdad.

5 de diciembre de 2013

La Batalla de Borodinó y el cirujano Larrey

En 1822, diez años después de que tuviera lugar, el francés Louis-François Lejeune, que también fue general del ejército napoleónico, pintaba así la Batalla de Borodinó:

Batalla de Borodinó (7 de septiembre de 1812) pintada por Louis-François Lejeune en 1822

No entraremos nosotros a valorar las tácticas de los generales enfrentados, Napoléón (quien, por cierto, sufría de fiebre aquel día) y Kutuzov, ni discutiremos sobre si lo que parecía una victoria francesa fue el inicio de su derrota... De todo esto, yo al menos, no tengo conocimientos para poder hablar. Sin embargo, si podemos apuntar que se trata de una de las batallas más sangrientas y mortíferas de la historia. La estimación de pérdidas varía de forma notable según la fuente. Los franceses aseguraron haber sufrido 28.000 muertos y heridos, incluyendo 48 generales. Otras fuentes situan estas cifras en niveles mucho más altos: 50.000 muertos. Los rusos perdieron -según también las diversas fuentes- entre 38.500 y 58.000 hombres. ¡Terrible!

Ardua, muy ardua debió ser la tarea de los médicos militares de ambos bandos. Cirujanos, en su mayoría, que desarrollaban su labor en pleno campo de batalla, como nos muestra en su cuadro el pintor y general Lejeune. Entre esos médicos militares estaba el propio Cirujano Jefe del ejército de Napoleón, Dominique Larrey, y así nos lo muestra en su cuadro Lejeune (quien, por cierto, debía conocerle personalmente). Pero, acerquémonos todo lo que podamos a la zona donde los cirujanos están trabajando...


Sinceramente, no soy capaz de afirmar si Larrey es el hombre que aparece con la cabeza vendada (herido, por tanto) o el que se la venda. Sí está claro que ambos -entre otros- son médicos o cirujanos ejerciendo su labor en el campo de batalla.

Para saber como era Dominique-Jean Larrey con certeza, disponemos del retrato que le hizo, en 1804, su compatriota Anne-Louis Girodet de Roussy-Trioson.


Dominique-Jean Larrey nació el 8 de julio de 1766 en un pequeño pueblo del sur de Francia, en los Pirineos. Quedó huérfano siendo muy niño. Durante diez años fue el sacerdote de su parroquia quien se encargó de su educación, pero reconociendo en el muchacho grandes aptitudes, a los 13 años lo llevó a Toulouse, con su tío Alexis Larrey, Cirujano Jefe del Hospital Saint-Joseph de la Grave, en esa ciudad. Allí inició su formación médico-quirúrgica, que completó en París, junto a uno de los más grandes cirujanos de la época, Pierre-Joseph Desault (quien más tarde sería nombrado médico del hijo del guillotinado Luis XVI, el cual falleció en extrañas circunstancias, en 1795, mientras estaba cautivo en la prisión de El Temple; corriendo el rumor de que Desault, su médico, murió ese mismo año envenenado por haberse negado a ejecutar los proyectos criminales del gobierno revolucionario contra el heredero del trono francés). Larrey comenzó su ejercicio profesional como médico de la Armada, pero tuvo que desistir por sus continuos mareos; de modo que, tras un tiempo breve como cirujano ayudante de Desault ingresó en el Ejército, donde llegaría a ser Cirujano Jefe de los Ejércitos de Napoleón. Fue él quien creó el transporte de heridos mediante ambulancias, e introdujo los principios de la sanidad militar moderna, realizando los primeros "triajes" en el campo de batalla, estableciendo un orden de prioridad para el tratamiento de los heridos independientemente de su rango e incluso del ejército al que pertenecieran... Mucho más habría que añadir sobre esta gran figura de la historia de la medicina y buen hombre que fue Dominique Larrey. Pero, para saber más sobre él, les recomiendo el estudio que le dedicó el profesor José Luis Fresquet -que lo explica mucho mejor que yo- al que pueden acceder directamente en el enlace que inserto a continuación:


 


28 de noviembre de 2013

Venus en la consulta de Esculapio


Sir Edward Poynter (1836-1919). A visit to Aesculapius (1880). Tate Collection 

Siendo ella diosa tan principal, la hermosa Venus no puede ser atendida por otro médico que no sea un dios como ella misma, el dios de la Medicina -Esculapio para los romanos, Asclepio para los griegos- incluso para una afección tan banal y leve como una espina clavada en su delicado pie.

Así nos la muestra el británico Sir Edward John Poynter en este cuadro, donde la diosa aparece acompañada -como es habitual- por las Tres Gracias, visitando a Esculapio en su peculiar consulta, en un jardín al aire libre.

Más información sobre este cuadro se puede encontrar en el siguiente enlace:


29 de mayo de 2013

El síndrome de Satchmo


Louis Armstrong (1901-1971)

Es posible que nunca hubiéramos disfrutado de canciones como Hello Dolly!, When the Saints Go Marching In, o la maravillosa What a Wonderful World, en la peculiar voz grave de Louis Armstrong si, a mediados de los años treinta del siglo XX, el trompetista no hubiera sufrido la dolorosa ruptura del músculo orbicular de la boca a consecuencia de la fuerza con que apretaba la embocadura de su instrumento.

Armstrong tuvo que dejar de tocar la trompeta durante un año; y, aunque luego corrigió su forma de tocarla, desde entonces tuvo que evitar anteriores excesos y fue intercalando la voz con la trompeta en sus actuaciones.

En 1982 un médico español, el Dr. Planas, dio el nombre de "Síndrome de Satchmo", a la ruptura del músculo orbicular de la boca en trompetistas (aunque puede producirse también en los intérpretes de otros instrumentos de viento). Satchmo* era el apodo con el que se conocía a Louis Armstrong, y en su honor lo llamó así el médico español.


*El apodo "Satchmo" es una abreviatura de Satchelmouth ("boca de bolsa") usado por primera vez, en 1932, por Percy Brooks, editor de la revista Melody Maker.

Referencias:
  1. Planas J. Rupture of the orbicularis oris in trumpet playeres (Satchmo's syndrome). Plast Reconstr Surg 1982;69:690-3.
  2. Planas J. Further experience with rupture of the orbicularis oris in trumpet players. Plast Reconstr Surg 1988;81:975-81.

Agradecimiento:
La primera noticia sobre esta patología de Louis Armstrong me la dio una querida ex-alumna, María Sánchez del Solar, de quien estoy seguro que será tan excelente médico como músico. Gracias María.


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